Tennessee: Los rostras de DACA

A mural on the wall outside Workers' Dignity's community center. (Photo: Dulce Torres Guzman/Tennessee Lookout)
A mural on the wall outside Workers' Dignity's community center. (Photo: Dulce Torres Guzman/Tennessee Lookout)

La semana pasada, la Corte Suprema anunció su decisión en contra de la administración de Trump y por ahora mantiene la Acción Diferida o DACA, pero, los recipientes del programa todavía enfrentan muchas barreras en Tennessee.

Katherine Díaz García, de 21 años, tenía siete años cuando llegó por primera vez a los Estados Unidos desde El Salvador y todavía recuerda su país de origen y la violencia que su familia dejó atrás. Díaz García más tarde descubrió que la política estadounidense era en gran parte responsable de financiar las armas y violencia en su país de origen.

“¿Por qué criminalizar a las personas que vienen de países arruinados por la influencia de EE.UU.?” Díaz García preguntó.

Cuando tenía la edad suficiente para calificar para los requisitos de DACA, su familia hizo todo lo posible para apoyarla a pesar de los $495 requeridos para mandar la aplicación. Esto fue una carga para ellos.

En el 2014, Diaz Garcia se involucró con la campaña de matrículas iguales. Esta campaña se creó para pedirles a los legisladores de Tennessee que dejaran pasar una ley que hiciera posible que las universidades públicas cobrarán la misma matrícula para los beneficiarios de DACA que les cobran a estudiantes ciudadanos. La ley propuesta no pasó por la asamblea de educación, pero aunque tenía sólo 16 años en ese momento, Díaz García todavía recuerda las excusas racistas que dieron los representantes. 

Díaz García es ahora una estudiante de último año en Centre College, una universidad privada de artes liberales en Kentucky. Ella está agradecida de haber sido guiada por otros beneficiarios de DACA porque vivir como un recipiente de DACA significa planificar para cada escenario. Por ejemplo, tuvo que considerar carreras que le permitirían ejercer en Tennessee, lo que descarta convertirse en médica o abogada.Tuvo que considerar cómo pagar la universidad de su bolsillo, ya que los beneficiarios de DACA no son elegibles para recibir ayuda federal ni estatal. Algunas escuelas públicas estaban dispuestas a ayudar a los estudiantes indocumentados con fondos privados, pero es una ocurrencia rara o no se anuncia en gran medida. Díaz García pudo cubrir el 95% de su matrícula con becas y ayuda privada, pero todavía trabaja para pagar la vivienda y los gastos asociados con viajar a Kentucky. Dijo que el proceso de la universidad habría sido imposible sin ayuda.

Para Díaz García, el costo de la universidad es estar lejos de su familia, pero los beneficiarios de DACA viven con el miedo constante de perder todo a capricho de los funcionarios del gobierno. Si la legislación hubiera sido derogada, su tiempo y esfuerzos en la universidad habrían sido en vano. Los beneficiarios de DACA arriesgan que el gobierno sepa todo sobre ellos y su familia. Si DACA fuera derogada, ¿vendría el gobierno por su familia? preguntó Díaz García

Su hermano menor actualmente no tiene protecciones. Era demasiado joven para solicitar DACA y ahora la solicitud está cerrada. La Corte Suprema no ha anunciado cuándo reabrirá.

Neria llegó a los Estados Unidos desde la Ciudad de México en 2001 para escapar de una relación abusiva. Dejó a su hijo de tres años al cuidado de su madre y planeó ganar suficiente dinero para regresar por su hijo y seguir adelante con sus vidas.

Cuando regresó a México, no reconoció a su hijo, de seis años de edad. Neria decidió viajar de regreso a los Estados Unidos con su hijo pequeño. En la frontera se separó de su hijo cuando cruzó a pie, y por un momento horrible creyó que no iba a volver a verlo. Eventualmente se reunieron y Neria prometió no volver a salir de los Estados Unidos para evitar una situación similar. Cuando su hijo era elegible para DACA, Neria lo animó a considerar la universidad y discutía con su hijo sobre sus aspiraciones. Llegó un momento aleccionador, dijo, cuando su hijo dio sus explicaciones por no buscar la universidad. ¿Por qué molestarse, dijo, ya que siempre había una posibilidad de que se le quitaran las protecciones mínimas que le da DACA. En su lugar, había decidido poner esos esfuerzos en trabajar para apoyar a sus hermanos menores y ayudar a su madre soltera.

“Es como un préstamo”, dijo Neria, quien trabaja para Worker’s Dignity, una organización con sede en Nashville que se dedica a ayudar a los trabajadores con salarios bajos. 

Ella se irrita cuando los padres son culpados por traer a sus hijos y sabe que algunos padres se sienten culpables por traer a sus hijos. Pero el hijo de Neria no tenía el lujo de ser un niño: ayudó a cuidar de sus hermanos mientras su madre trabajaba dos trabajos, y vivía con el miedo constante de que el gobierno les quitara todo.

Su hijo animó a Neria a involucrarse en los programas de radio de Worker’s Dignity, donde ha estado empleada durante tres años. El viernes, cuando recibió noticias de que DACA fue confirmada, se alegró. Su hijo tiene una oportunidad ahora, dijo Neria. Puede trabajar, tener una licencia de conducir y tal vez algún día convertirse en un ciudadano.

Díaz García actualmente es una pasante en Workers Dignity mientras ayuda a cuidar a sus hermanos menores y gana dinero para terminar su licenciatura en sociología y antropología. Ella espera que algún día las actitudes hacia las familias indocumentadas cambien para mejor.

“No le cuesta mucho al gobierno permitir que la gente con DACA se convierta en ciudadano”, dijo Díaz García.

(Translated into Spanish by Katherine Diaz Garcia.)